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16 de diciembre de 2010

Corte Constitucional se pronuncia sobre competencia de jueces en tutela contra medios de comunicación

corte Constitucional
Noviembre 24 de 2010.

La competencia especial de los jueces de circuito para conocer de las acciones de tutela contra medios de comunicación no constituye una vulneración de los derechos a la igualdad y acceso a la administración de justicia.

EXPEDIENTE D-8140 - SENTENCIA C-940/10
M.P. Gabriel Eduardo Mendoza Martelo

1. Norma acusada
DECRETO 2591 DE 1991 (noviembre 19) por el cual se reglamenta la acción de tutela consagrada en el artículo 86 de la Constitución Política

Artículo 37. Son competentes para conocer de la acción de tutela, a prevención, los jueces o tribunales con jurisdicción en el lugar donde ocurriere la violación o la amenaza que motivaren la presentación de la solicitud.

El que interponga la acción de tutela deberá manifestar, bajo la gravedad del juramento, que nos e ha presentado otra respecto de los mismos hechos y derechos. Al recibir la solicitud, se le advertirá sobre las consecuencias penales del falso testimonio.

De las acciones dirigidas contra la prensa y los demás medios de comunicación serán competentes los jueces de circuito del lugar.

2. Decisión

Declarar la EXEQUIBILIDAD del inciso tercero del artículo 37 del Decreto 2591 de 1991, condicionada a que se entienda que: 1. Cuando en el municipio en el que reside quien se considere afectado en sus derechos fundamentales por obra de un medio de comunicación social, no existan juzgados del circuito, la tutela podrá interponerse ante cualquier juez del lugar, quien deberá remitirla al correspondiente juzgado de circuito, a más tardar al día siguiente de su recibo y comunicarlo así al demandante. 2. El juez competente, a asumir el conocimiento de la acción, dispondrá que las comunicaciones al demandante y la actuación de éste se surtan por conducto del juzgado en el que haya sido interpuesta la demanda y ante quien, dado el caso, podrá presentar la impugnación del fallo de primera instancia, para que sea tramitado ante el competente.

3. Fundamentos de la decisión

La Corte comenzó por resaltar el claro propósito del constituyente de 1991, de establecer un instrumento efectivo de protección de los derechos fundamentales de las personas, que se define por su informalidad, la capacidad de la persona afectada de actuar directamente, la celeridad y los amplios poderes del juez, además de que todos los jueces de la República están habilitados para conocer de dicha acción. Estos rasgos evidencian la voluntad de permitir que la persona afectada pueda acudir a la autoridad judicial más cercana o accesible, con el objeto de demandar de ella el amparo de sus derechos fundamentales. Lo anterior, sin perjuicio de que el legislador esté facultado para fijar unas reglas de competencia que garanticen que el instrumento funcione de manera eficaz.

El artículo 37 del Decreto 2591 de 1991 establece una regla general de competencia que guarda coherencia con el diseño constitucional, al fijar como criterio el factor territorial, esto es, el lugar de ocurrencia de la afectación de los derechos. A la vez, establece una competencia especial cuando se trata de acciones de tutela contra los medios de comunicación. En ese contexto, le correspondía a la Corte examinar, si la fijación de una regla especial de competencia para estos casos, se aviene a la garantía constitucional de amplitud en el acceso a los jueces para interponer la acción de tutela y a los criterios jurisprudenciales que establecen las condiciones en que cabe regular esta posibilidad, aún de manera que implique cierta limitación, aspecto que fue considerado en la Sentencia C-054 de 1993.

Para la Corte, en principio, es posible inferir al menos, dos razones que explicarían y justificarían la medida. En primer lugar, la atribución de la competencia a un juez de cierto nivel jerárquico puede encontrar fundamento en el hecho de que en las tutelas en las que se dirigen contra los medios de comunicación, está de por medio un derecho fundamental de primera magnitud como es la libertad de expresión. En este plano, toda controversia con un medio de comunicación implica confrontar y considerar derechos fundamentales, puesto que frente a los derechos de quien se siente afectado por la acción del medio de comunicación, de ordinario al buen nombre o a la intimidad personal y familiar, se encuentran la libertad de expresión y los derechos a informar y a ser informado, que amparan no sólo a los medios de comunicación sino a todas las personas; y que además de su dimensión como derechos fundamentales, tienen un componente definitorio de la identidad del Estado democrático. En segundo lugar, es preciso tener en cuenta que en este caso, como criterios de atribución de competencia, además del subjetivo y el material, opera también el territorial, con una dimensión –que es la que se censura por el demandante- que excluye el trámite de la tutela contra los medios de comunicación en los municipios en los que no existen juzgados de circuito. Frente a este efecto territorial de la regla de competencia, es necesario considerar que los medios de comunicación social tienen un poder de irradiación muy alto y que con frecuencia, tienen presencia en todo el territorio nacional, lo que implica la necesidad de ponderar también las condiciones de lugar en las que se ventile el debate en torno a una posible afectación de derechos fundamentales que les sea atribuible. Desde este punto de vista, la atribución de competencia a los jueces del circuito buscaría un equilibrio entre el derecho de acceso a la justicia del afectado y las oportunidades de defensa del medio accionado, al limitar el ámbito territorial las cabeceras de circuito y evitar que, eventualmente, un medio de comunicación de cobertura nacional, tuviese que hacer presencia procesal en cualquier municipio del país en el que fuese demandado.

En relación con la primera de las explicaciones, se podría argumentar que la misma no es suficiente para justificar una limitación en el acceso a la acción de tutela, por cuanto, en el diseño de este mecanismo de protección de los derechos fundamentales, está en últimas, la instancia de eventual revisión, en la cual la Corte Constitucional podría corregir cualquier decisión de los jueces de tutela que, en la defensa de los derechos de una persona, pueda comportar una restricción indebida a la libertad de expresión o a los derechos de informar y a ser informado. No obstante la validez de este argumento, la Corte observó que, en general, la atribución de la competencia a los juzgados del circuito del lugar, no comporta una limitación desproporcionada del derecho de acceso a la administración de justicia, razón por la cual la misma se encuentra dentro del ámbito de configuración del legislador, quien válidamente, puede considerar que es deseable, confiar ese ejercicio de ponderación, desde el principio, a un juez de superior jerarquía.

Con todo, la Corte aceptó que no se descartaba la posibilidad de que en ciertos casos, las distancias geográficas y las dificultades de comunicación, hagan que la referida regla de atribución de competencia conlleve una significativa limitación del derecho de las personas a acceder al mecanismo que la Constitución ha previsto para la protección inmediata de sus derechos, en aquellos lugares en los que no existen juzgados de circuito. Si bien no se desconoce que en el ordenamiento jurídico como criterio de racionalización de la actividad judicial y de equilibrio en los derechos procesales de las partes, de ordinario se acude al criterio territorial para determinar la competencia de los jueces, también es cierto que la naturaleza de los derechos que busca proteger la acción de tutela y del carácter que ésta tiene como mecanismo de protección inmediata de los mismos, se sigue que el legislador debe ser muy cuidadoso al establecer reglas de competencia en esta materia.

En el caso, concreto, la Corte encontró que la regla general prevista en el inciso tercero del artículo 37 del Decreto 2591 de 1991 es, en general, razonable y proporcionada y por ello se ajusta a la Constitución. Sin embargo, en atención a la limitación que la misma puede dar lugar en ciertos casos, procedió a declarar una exequibilidad condicionada, en el sentido que permita instaurar la acción de tutela contra medios de comunicación ante cualquier juez del lugar, cuando no exista juzgado de circuito, quien deberá remitirla al competente; así como, surtir las actuaciones y comunicaciones a través del juzgado ante el cual se presentó dicha acción.















17 de noviembre de 2010

El Espectador: las investigaciones que incomodan



Los mensajes del ex presidente Álvaro Uribe y del director del periódico El Espectador, Fidel Cano, dan cuenta del malestar que causa en ciertos círculos la labor investigativa de este medio de comunicación, especialmente en el tema de los seguimientos ilegales realizados por la policía secreta (DAS).


Luego de la publicación de un informe relacionado con la ex funcionaria del DAS, Martha Leal, vino por parte de Uribe una fuerte arremetida el pasado 4 de noviembre, a la cual respondió Cano: “Que el doctor Uribe no se equivoque, somos periodistas no políticos. Aquí no manejamos odios sino información y opiniones libres”.

Ahora, El Espectador publica el video de las declaraciones de  Martha Leal, por  "la interpretación que algunos colegas y seguidores del ex presidente Uribe han difundido de las referencias que la ex subdirectora de operaciones del DAS Martha Leal, hoy detenida por el caso de las llamadas ‘chuzadas', hizo de El Espectador en su reciente declaración ante la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes". Este video es publicado "para que el debate se dé con base en hechos y no en interpretaciones amañadas".

Por si no fuera poco, en su cuenta de twitter, Fidel Cano - director de El Espectador – anunció el 17 de noviembre que un juez de Granada (Meta) le ordenó retirar unos artículos sobre Ascencio Reyes y Consuelo Collazos Ceballos. Se abre un nuevo capítulo del extenso expediente del acoso judicial contra la prensa. Ayer fue conocido el llamamiento a juicio contra la columnista Claudia López, acusada de injuriar y calumniar al ex presidente Ernesto Samper.





No sobran las palabras… nos faltan… y las que tenemos, nos las quieren silenciar.



Andrés Monroy Gómez
Grupo “Derecho Ciudadano a la Información”


*La imagen 1 fue editada.
Las imagenes de las cuentas twitter de Álvaro Uribe y Fidel Cano no fueron editadas.

14 de noviembre de 2010

¿Cómo evitar que el periodista perro guardián acabe convertido en perro faldero?

Discurso de María Elvira Samper al recibir el premio a la vida y obra de un periodista.


"Antes que yo, por aquí debería haber pasado mi mamá, Lucy Nieto de Samper, con más de 50 años en el oficio y quien a punta de teclear en una máquina de escribir Olivetti nos educó a sus cinco hijos, huérfanos de padre muy temprano en la vida.

A ella, heredera de una tradición que lleva el periodismo en la sangre, y a mi hijo Andrés, a quien mi necesidad de trabajar lo privó muchas veces de mi presencia, les dedico este reconocimiento.

Llegué al periodismo sin proponérmelo. Rebelde sin causa, no quería ser ni la hija de Lucy, ni la nieta de LENC, Luis Eduardo Nieto Caballero, un nombre que nada dice a las nuevas generaciones pero que hace parte de la historia del periodismo colombiano, un hombre que en la defensa de la democracia, de la libertad de pensamiento y de la libertad de prensa, sufrió la cárcel y la censura. Fue codirector de El Espectador al lado de don Luis Cano y fue también columnista y colaborador de El Tiempo durante 40 años, hasta su muerte un mes antes de la caída de la dictadura del general Rojas Pinilla.

Cuando en 1955 el régimen militar ordenó cerrar El Tiempo porque su director, don Roberto García-Peña, abuelo de mi colega Rodrigo Pardo, rehusó hacer una rectificación que no consideró pertinente, el mío se negó a callar y acudió a las cartas para denunciar la corrupción y los abusos de la dictadura, exigir justicia y protestar por la censura. Dirigidas al General, las entregaba personalmente en las puertas de Palacio y, mimeografiadas, circulaban luego de mano en mano. Sus luchas políticas, basadas en sus profundas convicciones de librepensador e inspiradas en su vocación de servicio al país, las libró siempre con la más noble y limpia de las armas: la pluma.

Hago esta introducción con sabor a nostalgia para honrar esa herencia que me enorgullece y que me dejó la lección de mi vida personal y profesional: los principios no se negocian ni por poder, ni por círculo político, ni mucho menos por dinero. Esta ha sido mi carta de navegación en un oficio en el que maduré y estoy envejeciendo gracias a todos aquellos que alguna vez me dieron oportunidades y abrieron espacios: Jaime Soto, Felipe López, Plinio Mendoza, Fernando Gómez Agudelo, Juan Gossaín…También a las decenas de periodistas con los que he trabajado en prensa, radio y televisión, y a ese puñado de colegas amigos con quienes, no hace muchos años, emprendimos quijotescas aventuras periodísticas: María Isabel Rueda, Ricardo Ivila, Pilar Calderón, Roberto Pombo, Enrique Santos, Mauricio Vargas, Édgar Téllez y, ni más ni menos, que Gabriel García Márquez, inspiración y aliento en el noticiero QAP y en los años en que hizo parte de la revista Cambio.
 
Han sido décadas turbulentas y los periodistas, no siempre bien preparados, no siempre con tiempo para profundizar, para estudiar nuestra propia historia y entender por qué somos como somos y nos pasa lo que nos pasa, nos hemos visto enfrentados a múltiples violencias, a complejos procesos de negociación con organizaciones armadas, al ingreso de los grupos económicos a los medios de comunicación, a enormes escándalos de corrupción pública y privada, rodeados de trampas, amenazas, presiones y talanqueras a la libertad de prensa... Difícil, entonces, no mirar atrás ahora que este premio me obliga a reflexionar sobre mi vida en los medios. Difícil no describir, aunque sea a grandes brochazos, las distintas encrucijadas que hemos enfrentado y en las que los periodistas han dejado una alta cuota de sangre.

En los albores de los años 80, consciente de que si bien el Frente Nacional había puesto fin a la violencia entre liberales y conservadores también había creado dos monstruos, las guerrillas y la represión militar. Belisario Betancur promovió el diálogo con la subversión. La actitud de total respeto por la libertad de prensa que asumió el Presidente, quien llegó a decir que prefería una prensa desbordada a una prensa censurada, significó un punto de quiebre para el periodismo que, sobre todo en radio y televisión, había estado sometido al control de la información sobre el conflicto que ejercía el gobierno del “estatuto de seguridad” de Turbay Ayala.

Sentimos que nos habían soltado la rienda y en parte por falta de preparación, en parte por ingenuidad y exceso de optimismo, caímos en la tentación de conceder demasiado protagonismo a los jefes guerrilleros que aún conservaban cierto aire de romanticismo revolucionario.

Tanta visibilidad irritó a los enemigos de los diálogos y desató una polémica sobre los límites y responsabilidades de la prensa, y los peligros que entrañaba para el equilibrio informativo el llamado “síndrome de la chiva”. García Márquez terció en la controversia y en el prólogo del libro La guerra por la paz, un compendio de columnas que Enrique Santos Calderón había escrito sobre el proceso, dijo que la opinión pública, que debía ser el árbitro final del debate, “había quedado reducida a la condición de pobre señora sentada en medio de un ventisquero de informaciones contradictorias, en el cual era imposible saber, sin lugar a dudas, dónde estaba la verdad”.

Fuimos los periodistas idiotas útiles, chivos expiatorios o víctimas del doble discurso oficial, que desde el ejecutivo concedía estatus político a los guerrilleros y desde la cúpula militar hablaba de bandoleros.

Los interrogantes quedaron abiertos y volvieron a surgir durante las conversaciones de Caracas y Tlaxcala en el gobierno de César Gaviria, y en las negociaciones del Caguan durante la administración de Andrés Pastrana. Para ese momento, al menos la prensa escrita había aprendido algunas lecciones: varios medios crearon Unidades de Paz o abrieron espacios de discusión con expertos, en un esfuerzo para comprender los hechos más allá de la coyuntura, para mirar la negociación a la luz de otras negociaciones de conflictos internos y aportar elementos de juicio a los lectores.

No hicieron lo mismo los noticieros de radio y televisión que, sometidos al rating, impusieron un periodismo sensacionalista que daba prioridad a situaciones dramáticas -tomas de pueblos, cilindros-bombas contra alcaldías y estaciones de Policía, enfrentamientos, expresiones de dolor de las víctimas-, sin duda hechos noticiosos que no podían dejar de ser cubiertos, pero que terminaron por hacer mucho ruido y desviaron la atención de avances, apenas visibles para los analistas del conflicto.
No hemos salido en general bien librados en el cubrimiento de los diálogos con la subversión, y por varias razones: por falta de más análisis y crítica, y de más independencia de las voces oficiales, y por la dificultad para superar la condena visceral de la barbarie de la guerrilla, de todas maneras lógica, que nos impidió ver más allá y entender que los caminos de la paz son terreno minado. Contribuimos a crear falsas expectativas y confusión en la opinión. Ayudamos, sin proponérnoslo, a impulsar el péndulo que, según la coyuntura, se ha movido del entusiasmo por la paz al entusiasmo por la guerra.

La época del narcotráfico y su ofensiva violenta contra el Estado durante las administraciones de Virgilio Barco y César Gaviria, nos enfrentaron a una de las más dramáticas situaciones de nuestra historia reciente. Si al comienzo del Gobierno Betancur la lucha contra las drogas no había sido prioridad, el asesinato de su ministro de Justicia Rodrigo Lara, por orden del cartel de Medellín, fue un punto de inflexión definitivo.
 
Los carteles comenzaban a marcar su territorio con sangre y fuego, y convencidos de que por el camino de la violencia podían acorralar al Estado y recuperar la senda de la negociación que había fracasado en el Gobierno Betancur, intensificaron la ola de atentados, amenazas, y asesinatos de magistrados, jueces, policías, funcionarios, periodistas…Fue la dictadura del miedo: la consigna era silenciarnos o corrompernos. Algunos sucumbieron a la tentación, pero en general los periodistas nos convertimos en blanco y en trinchera.

El asesinato del director de El Espectador, Guillermo Cano, nos llevó a convocar una marcha nacional para rechazar el crimen y defender la libertad de prensa. Multitudinaria en todas las ciudades, fue la expresión de un país conmocionado hasta los tuétanos. Hicimos también un paro informativo, 24 horas sin noticias, para crear un espacio de reflexión sobre lo que significaba el silencio de los periodistas.

No estábamos dispuestos a aceptar la mordaza que los carteles pretendían imponernos, y para autoprotegernos organizamos luego un pool de medios que aportaron sus unidades investigativas y designaron a un puñado de periodistas, del cual hice parte, para preparar informes sobre esas organizaciones criminales. Adaptados a radio, prensa y televisión fueron divulgados en forma simultánea durante tres meses cada 15 días. Nos reuníamos en diferentes lugares, en distintos días y horas de la semana, pero nos descubrieron y las reiteradas amenazas nos obligaron a suspender las reuniones.

No obstante, la campaña causó gran impacto y permitió que la opinión conociera las dimensiones del monstruo. La sociedad empezó a darse cuenta de que la violencia no solo era de la guerrilla, que también era del narcotráfico y de los paramilitares, que escalaban la guerra sucia contra la UP, financiados por la droga y apoyados por miembros de la fuerza pública y sectores políticos de extrema derecha.

Fue la época de las peores masacres, de los secuestros de Andrés Pastrana y Álvaro Gómez, de una nueva iniciativa de paz, de esa ofensiva violenta que alcanzó su máxima expresión con el magnicidio de Luis Carlos Galán, del restablecimiento de la extradición por vía administrativa, del narcoterrorismo en las ciudades, del asesinato de Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro. Los periodistas nos debatíamos entre el miedo y la incertidumbre, nunca sabíamos si íbamos a volver vivos a nuestras casas.

La campaña presidencial había sido la más violenta y trágica de la historia. Todo parecía excluir cualquier posibilidad de un acuerdo con los narcotraficantes. Sin embargo, César Gaviria aprovechó la crisis para dar una vuelta de tuerca y retomar el camino de la negociación, imposible tras el asesinato de Galán. Propuso abrir espacios jurídicos con instrumentos diferentes a la amnistía y el indulto para lograr la entrega de los llamados “Extraditables” a cambio de la no extradición.

Negociar con las mafias no era claudicar, reconocer que el Estado estaba derrotado. ¿Había otra salida para poner fin al baño de sangre? Como siempre en este oficio, eran más las dudas que las certezas.

Para presionar al Gobierno, los capos, que buscaban tratamiento político y no de delincuentes comunes, acudieron al secuestro de periodistas, Diana Turbay y Francisco Santos entre ellos. En el entretanto, el equipo de Gaviria daba las puntadas finales a la política de sometimiento, y se abría paso la Asamblea Constituyente que en junio del 91 proclamaría la nueva Constitución que prohibía la extradición. Ese mismo día, se entregó Pablo Escobar a la Justicia. Respiramos aliviados. Lejos estábamos de imaginar que un año después registraríamos su fuga, y año y medio más tarde su muerte en un operativo del bloque de búsqueda.
 
La muerte del capo significó el final del narcoterrorismo pero no del narcotráfico y el crimen organizado. El paramilitarismo con su maquinaria criminal surgiría como el nuevo enemigo. Sus jefes acudirían a las formas más infames para acallar a la prensa. Muchos periodistas, sobre todo de los medios regionales, más vulnerables, pagaron con su vida la osadía de denunciar. No obstante, gracias a esas denuncias y sobre todo a las investigaciones periodísticas de algunos medios capitalinos, la opinión empezó a descubrir la dimensión del poder que habían alcanzado los paramilitares en las administraciones locales y regionales, y en el Congreso, donde lograron el 34 por ciento de las curules en la campaña de 2002, todas de la coalición uribista. Reelegidos la mayoría en 2006, las investigaciones de la llamada parapolítica no solo llevaron a muchos de congresistas aliados del Gobierno a la cárcel, sino que derivaron en el escandaloso espionaje del DAS a opositores, magistrados de la Corte Suprema y periodistas.

El uso de prácticas perversas y de dineros oscuros para conseguir resultados políticos y electorales ya tenía antecedentes: la campaña que llevó a Ernesto Samper a la Presidencia y que derivó en el llamado proceso 8.000. Entonces quedó claro que las mafias habían aprendido que mejor que enfrentar a las instituciones, era infiltrarlas y corromperlas, y que más rentable que asesinar policías, jueces, políticos y periodistas, era comprarlos.

Fue entonces cuando se rompió una constante histórica: el periodismo cortó su cordón umbilical con los políticos. Fue un proceso por etapas: tímido al comienzo, se radicalizó a medida que conocíamos declaraciones, documentos, testimonios, grabaciones e indagatorias que comprometían a congresistas, altos funcionarios y al propio Presidente de la República. Repugnancia y rechazo por la corrupción de la clase política se respiraba en las salas de redacción.

Los congresistas no ahorraron esfuerzos para imponernos controles y estatutos, precisamente cuando 173 parlamentarios empezaban a ser investigados por recibir plata del narcotráfico. El Gobierno acudió al chantaje para arrodillar a periodistas y medios mediante licitaciones de TV y frecuencias de FM, y con ayuda de sus amigos en el Congreso sacó una ley que cambiaba las reglas del juego y cuyo propósito era castigar a los noticieros que cuestionábamos su gestión. Entonces el DAS también interceptaba teléfonos y hacía seguimientos a los periodistas críticos del Gobierno.

La crisis del 8.000 significó un nuevo debate sobre el papel de los medios. Nos acusaron de haber ignorado las reglas del oficio, de haber servido de correa de transmisión de fuentes interesadas, de no haber investigado suficiente. En resumen, de tomar partido, de hacer parte de la crisis. Ante el vacío y el fraccionamiento de los partidos, ante la usencia de una oposición política organizada, la prensa ocupó parte de ese espacio y sí, tomo posición, y cavó trincheras. Ese fue, paradójicamente, su mayor acierto y su más grave error. Se jugó sus restos, su prestigio, su credibilidad pero no pudo salvarse del diluvio. Pero qué habría pasado, entonces, de no haber sido por ese periodismo que, incluso con sus fallas y excesos, hizo de cancerbero ¿La opinión habría sabido que el narcotráfico había penetrado hasta las más altas esferas del poder, que innumerables miembros de la clase política habían vendido su alma al diablo? No estoy segura.
La encrucijada más reciente pero no la última fue la que crea el gobierno de Álvaro Uribe. Por esa la ley del péndulo que antes mencioné, el país pasó del desencanto por la paz al entusiasmo por la guerra. Seducidos por el fuerte liderazgo del Presidente, que concentró la información sobre el conflicto en cabeza suya y unificó el mensaje, único mensaje, la lucha contra el narcoterrorismo de las Farc, la casi totalidad de los medios se contagiaron del clima de unanimismo que reinaba en la opinión.

Una tras otra, las encuestas reflejaban el decidido apoyo al presidente Uribe y, hábilmente manipuladas por el Gobierno, acabaron por incidir en las líneas editoriales y en los titulares de las noticias a la hora de informar sobre las políticas y acciones oficiales. Ese ambiente perversamente acrítico, alimentado por el discurso macartizador del Presidente que asociaba crítica y oposición con subversión, creó un peligroso ambiente de intolerancia y polarización.

Nunca como en los gobiernos de Uribe se había presentado un divorcio tan grande entre la opinión mayoritaria reflejada en las encuestas y la de la mayoría de los columnistas de la prensa escrita. El Presidente logró establecer una conexión directa con la gente y nos ganó de mano en nuestro propio terreno.

Pero habrían de presentarse nubes en el paraíso de la seguridad democrática con las investigaciones periodísticas sobre el fenómeno paramilitar, sus tentáculos en la política, la economía y las instituciones del Estado, y su influencia en la campaña del 2006. Sin embargo, el destape de las cartas de la reelección y la intención del Presidente de modificar la Constitución en beneficio propio, fueron el punto de quiebre: Uribe estaba yendo demasiado lejos. Así se lo hicieron saber desde sus editoriales, diarios que habían apoyado la primera reelección, y buena parte de los columnistas que hasta ese momento lo habían apoyado. Y así lo interpretó la Corte Constitucional que le cerró el paso a la segunda reelección.

Un lección fundamental dejó el “uribato” al periodismo y es que el exceso de concesiones y benevolencia con los gobiernos, da pie para grandes abusos y contribuye a banalizar opiniones periodísticas analíticas y críticas de las políticas y acciones oficiales.

El cubrimiento del nuevo gobierno nos abre muchos interrogantes y tienen que ver con sus conexiones con los más importantes medios de comunicación. Pero más preocupante es el reto que nos plantean las nuevas realidades de los medios, sobre todo de los escritos, antes de gran relevancia para la opinión y hoy con influencia muy debilitada. Y es que la prensa dejó de ser lo que era y no solo por la proliferación de otros canales de comunicación y el avance de nuevas tecnologías, sino porque los viejos periódicos propiedad de una familia han pasado a la historia y hoy forman parte de poderosos conglomerados multimedia dentro de los cuales juegan un papel funcional al grupo.

Pese a que esos grupos tienen gran solvencia económica para resistir chantajes o presiones económicas y políticas, para influir en la agenda pública, para defender el bien común, sus dueños están más interesados en la rentabilidad que en su responsabilidad con los ciudadanos o en la fiscalización del poder, bien porque comparten sus mismos intereses, bien porque persiguen negocios que dependen de él. Esa es la razón, por ejemplo, de la muerte de la revista Cambio, víctima de la segunda conquista española.
 
El negocio es el nuevo nombre del juego. Como dice el analista de medios Germán Rey, “la ideología es hoy la de los libros de contabilidad”. Las noticias han entrado en el mercado de la comunicación y su valor no es propiamente periodístico-noticioso, es económico. El criterio informativo ha pasado a ser también criterio financiero y eso está llevando a la prensa escrita, en especial a los periódicos, a una visión más restringida de su papel. De ahí la preferencia por contenidos que aseguren mayores ventas, de ahí que la información esté cada vez más arrinconada por el entretenimiento, de ahí que se decante preferencialmente por las llamadas “noticias útiles”. Cada vez hay menos análisis, menos investigación y menos historias relevantes.

¿Qué nos depara el futuro a los periodistas? Ante la marginación o extinción de medios alternativos, ante la evidente disminución de la independencia de los medios y las reducidas fuentes de trabajo, cada vez hay más limitaciones para informar con talante crítico, para meter las narices en las entrañas del poder. Debo reconocer que no es mi caso, pues los medios que me acogieron tras el despido de Cambio, RCN Radio y El Espectador, me dejan expresar con total libertad. ¿Pero pueden todos los periodistas decir lo mismo? No creo. Para buena parte de ellos la opción es la autocensura, el silencio cómplice o la neutralidad pasiva. Y en el caso de los llamados cargaladrillos, se ven obligados a informar sobre el lanzamiento de productos de los grupos donde trabajan –libros, revistas, telenovelas, concursos, realities-, y a convertirse en periodistas multifuncionales que deben producir, por el mismo sueldo, para los distintos medios que convergen en su empresa -televisión, diarios, revistas, emisoras…-, con las implicaciones que eso tiene para la calidad de la información y su consecuente homogeneidad.

Acepto, pertenezco a la vieja guardia, soy de la generación de los tubos, no de los chips; de la máquina de escribir, no del computador; del teléfono fijo, no del celular; del predominio de la prensa escrita, no de Internet. Soy un dinosaurio. Pero aun así, y reconociendo el valor de las nuevas tecnologías y la utilidad de la red como fuente de información, creo que hasta ahora poco han servido para mejorar la calidad del periodismo. La concentración de medios en conglomerados conspira contra ello.

En estas circunstancias, el peligro no es solo que haya más espacio para la corrupción porque donde los medios independientes mueren, la corrupción tiene más probabilidades de prosperar. El peligro es también para el propio periodismo que como función social pierde cada vez más oxígeno.

¿Cómo llenar el vacío que dejan la disminución del número de periódicos y revistas, y la precariedad y mediocridad que hoy predominan en el cubrimiento periodístico? ¿Cómo crear o mantener empresas independientes que cumplan con el papel de auténtico servicio público que han ido dejando los grupos multimedia en aras del negocio? ¿Cómo hacer para que el buen periodismo, el que investiga, el que analiza, el que hace de contrapoder, encuentre apoyo entre los anunciantes? ¿Cómo evitar que el periodista perro guardián acabe convertido en perro faldero? Estos son apenas algunos de los interrogantes que hoy nos hacemos los periodistas de ayer. Muchas gracias...".




27 de agosto de 2010

¿Eres de los que piensa que la mejor formación que puede tener un reportero es la crónica roja?

Próxima película: septiembre 8/2010






Libertad de Prensa,
un derecho de película







Este es un espacio para analizar las situaciones en las que el periodismo se enfrenta a diferentes estructuras del poder, y cómo depende de la calidad del periodismo que la ciudadanía esté bien o mal informada



Lugar: Carrera 7 No. 46 – 55
Miércoles 1, 8, 15, 22 y 29 de septiembre a las 7:00 p.m.

Entrada gratuita. Cupo limitado.




20 de agosto de 2010

Colombia y Venezuela: ¿La protección a la infancia equivale a censurar a la prensa?

Por: Andrés Monroy Gómez
Artículo escrito para Bottup

Bogotá D.C (Colombia), agosto 19 de 2010 - El conflicto entre el derecho a la información y otros derechos fundamentales protagoniza un nuevo episodio en Latinoamérica. En esta ocasión, los medios de comunicación venezolanos denunciaron la censura judicial fundamentada en la aparente protección de la infancia y la adolescencia. Mientras tanto en Colombia surgen iniciativas legislativas que buscan fortalecer las sanciones contra periodistas y medios de comunicación por infringir sus deberes frente a los menores de edad que reciben sus mensajes.

La colisión entre la libertad de información y otros derechos fundamentales es un tema con el que se promueven constantes debates en los sistemas judiciales de casi todo el mundo. El derecho a estar informados, aunque esencial en todas las sociedades democráticas, no es absoluto. Es por esto que la legislación que lo desarrolle debe observar ciertos requisitos que evitan la censura previa y el control caprichoso por parte de los poderes públicos y privados. Sin embargo, en algunas ocasiones estos debates están permeados por intereses políticos orientados a manipular la percepción que los ciudadanos tienen sobre la realidad. Lo mismo puede afirmarse sobre la defensa ciega e intransigente de la información, cuando media la irresponsabilidad de algunos periodistas que afecta injustificadamente los derechos de terceros.

Es incuestionable el imperativo de respeto y protección de los derechos de las niñas y niños. Otro asunto que se desarrolla a la sombra de este debate, es la tendencia a estigmatizar a la prensa crítica, involucrándola en confrontaciones que afectan sensiblemente a la sociedad, rotulándola de evasora de su responsabilidad social.

Actualmente, bajo la tesis de la protección a la integridad de los menores de edad, existen dos proyectos de ley que imponen restricciones informativas en Colombia, y un periódico en Venezuela fue sancionado mediante una decisión judicial calificada por amplios sectores de la opinión pública como “censura previa”.

Venezuela: Entre la oposición política y la objetividad de la información

Portada del periódico "El Nacional" de Caracas, del 19 de agosto de 2010.

La palabra “censura” ocupa el lugar destinado a las fotografías de la primera página del periódico venezolano “El Nacional” del miércoles 19 de agosto. Así, los periodistas expresaron su desacuerdo con la medida adoptada por el Tribunal 12° de Mediación y Sustanciación de Protección del Niño, Niña y Adolescente del Área Metropolitana de Caracas, en la que se prohibió la publicación, en medios de comunicación impresos, de imágenes "violentas, sangrientas, grotescas, bien sea de sucesos o no", que puedan afectar a niños y adolescentes. 

La solicitud de esta medida fue hecha por la Defensoría del Pueblo en el marco de la investigación adelantada contra el periódico “El Nacional” por la publicación el 13 de agosto de una fotografía de la morgue de la Medicatura Forense de Bello Monte, en Caracas. Por la publicación de esa foto, se acusó a “El Nacional” de vulnerar los mandatos de la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (LOPNNA), en especial, el derecho a la integridad moral y psíquica de los niños, niñas y adolescentes, así como a recibir información adecuada a su formación integral.

“El Nacional” es considerado como uno de los medios impresos más críticos del gobierno chavista, por lo que tal medida fue tomada como un ataque a la oposición política en Venezuela. Algunos sectores han calificado la publicación de las fotos como un acto político, orientado a llamar la atención sobre la negligencia del gobierno venezolano frente a la crisis de inseguridad que atraviesa ese país.

Miguel Otero, director del periódico “El Nacional” afirmó en entrevista concedida a la emisora W radio de Colombia, que esta medida obedece a intereses electorales del gobierno de Hugo Chávez pro la proximidad de las elecciones legislativas a celebrarse el 25 de septiembre. Señaló además que resulta incomprensible que la sanción impuesta a “El Nacional” se convierta en una prohibición para todos los periódicos de Venezuela. En la misma entrevista Otero reconoció que la fotografía que originó este escándalo fue tomada hace más de ocho meses, y que a pesar de no corresponder al perfil del periódico decidieron publicarla el viernes 13 de agosto, para complementar el documental “Los Guardianes de Chávez” presentado por los canales CNN de Estados Unidos y Cuatro de España, sobre la situación de seguridad en Venezuela, al considerar que la fotografía utilizada “es un instrumento periodístico y había que impactar”. El documental “Los guardianes de Chávez” también ha sido descalificado desde distintos sectores en Venezuela.

Mediante un comunicado de prensa, el Colegio Nacional de Periodistas de Venezuela afirmó que esta clase de medidas “reflejan que las autoridades gubernamentales están más pendientes de cuidar su imagen que a los ciudadanos, y que pretenden acallar al mensajero antes que cumplir la labor para la que fueron electos”.

Por su parte, la organización internacional Reporteros Sin Fronteras (RSF) señaló que la foto que originó este conflicto, “en efecto muy violenta, hace preguntarse por la responsabilidad ética de un periódico de gran audiencia, aunque no se trate de una publicación dirigida a un público infantil o adolescente. Sin embargo, esta decisión judicial peca de amplitud e imprecisión. ¿Bajo qué criterio exacto atenta un contenido contra el bienestar psicológico de los niños y adolescentes? ¿La fotografía de un policía armado en la calle, de las maniobras de un soldado o el simple anuncio de la muerte de una persona, entran en el marco de esta jurisprudencia? La caricatura, por definición “grotesca”, ¿puede ser mostrada a los más jóvenes? Si es normal reservar ciertos contenidos o materiales a un público adulto, el debate, la pedagogía y la prevención parecen preferibles a una prohibición prematura que puede representar un riesgo de censura y autocensura”.

Siguiendo la tesis de Miguel Otero sobre los intereses electorales en juego, también es válido preguntarse si éstos no fueron definitivos al momento tomar la decisión de publicar una fotografía tomada hace más de ocho meses, y cuya imagen no corresponde al estilo periodístico de un medio abiertamente considerado opositor al gobierno. ¿Realmente se buscaba informar? O quizás ¿se buscaba indisponer a los votantes frente a los candidatos oficialistas? ¿Qué opciones tienen los ciudadanos cuando no funcionan los mecanismos de autorregulación de los medios de comunicación?

Colombia: ¿Legislación para proteger o excusa para controlar?

Mientras tanto en Colombia están por iniciar el trámite para su estudio en el Congreso de la República, dos proyectos de ley que buscan imponer restricciones a la información, bajo el argumento de la protección a los menores de edad y la responsabilidad de los medios de comunicación.

El primero de ellos surge por iniciativa del Consejo de Estado. Luego de redactado, esa corporación convocó a las personas interesadas a participar en la discusión de este proyecto de ley, con el que se busca establecer la responsabilidad de los medios de comunicación por la violación de sus deberes para con la infancia y la adolescencia. Sin embargo, las críticas presentadas van desde la ausencia de participación previa de periodistas y académicos en la redacción del proyecto hasta las que destacaron la autorregulación como el mecanismo más idóneo para tratar los contenidos informativos.

Por otra parte, el proyecto de ley No. 20 de 2010, radicado en el Senado, buscar reglamentar “la exhibición de imágenes e información en las portadas de los medios impresos y electrónicos como una medida de protección a los niños, niñas y adolescentes”.

Ninguna de estas iniciativas ofrece tranquilidad para periodistas y receptores de la información, pues frente a una interpretación extrema de las normas propuestas, puede controlarse cualquier tipo de información, como la de orden público, bajo el argumento de estar protegiendo la integridad de los menores de edad.

Fotograma del reportaje 'Baby sicarios'. (Foto: Cuatro)
Pero no sólo a través de iniciativas legislativas se ha presentado el choque entre la libertad de expresión y los derechos de los niños. En un reciente caso, el documental los “Baby sicarios”, (los mismos productores de “Los Guardianes de Chávez) fue descalificado por instituciones públicas y medios de comunicación colombianos, abriéndose un acalorado debate al respecto, en donde Juan Pedro Valentín, director de informativos del canal Cuatro de España, en defensa del documental afirmó que “Lo grave es que se está desprestigiando el trabajo del periodista. Entiendo que se haga un debate sobre esto (…) Hay poderes para que no se muestre la realidad de allá”.

De acuerdo a la jurisprudencia colombiana, la protección de los menores de edad no puede buscarse a través de medios inconstitucionales como las limitaciones a la libertad de expresión que no satisfacen los requisitos constitucionales, y que equivalgan a una forma de censura. Un antecedente que debe tenerse en cuenta es la sentencia de la Corte Constitucional colombiana (T-391 de 2007), donde se señaló, entre otros puntos, que la prevalencia de los derechos de los niños sobre la libertad de expresión no faculta a las autoridades con una “completa discrecionalidad para limitar la libertad de expresión a su agrado”. Por ello, recuerda que las limitaciones establecidas para proteger a los menores de edad deben cumplir con todas las condiciones constitucionales, y “no pueden invocarse como un comodín para limitar la libertad de expresión cada vez que se anticipe que quizás algún niño sea receptor de la información, las opiniones y las imágenes divulgadas por un medio masivo de comunicación”.


Parámetros de conducta periodística frente a los menores de edad

Si bien las conductas éticas no deben ser impuestas por los gobiernos, en contextos electorales y cuando los medios de comunicación militan activamente en alguna de las partes enfrentadas, la autorregulación pierde credibilidad frente al lector, oyente o televidente que presencia la lucha mediática por conquistar su favor en las urnas.

Sin embargo, surge la tarea para los periodistas y la sociedad en general de fortalecer figuras como los comités de ética, defensores del lector y del televidente, entre otros, para despejar cualquier desconfianza sobre ellos. Existen valiosos aportes desde las organizaciones gremiales y sindicales de periodistas que pueden y deben ser utilizadas, sobre todo en temas tan importantes como la protección de los derechos de la infancia y la adolescencia.

Por ejemplo, sobre la “Guía para periodistas y profesionales de la prensa”, el Secretario General de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), Aidan White, manifestó que “El respeto por el periodismo independiente es una condición esencial para una cultura de apertura de los medios de comunicación en relación con los niños y sus derechos. Los periodistas necesitan tener confianza en que pueden mantener normas éticas, más que ‘cumplir órdenes’ y que pueden proteger a las fuentes de información confidenciales”.

Las “Directrices y principios para el reportaje de asuntos que involucren niños”, es un documento aprobado por las organizaciones de periodistas de 70 países en la primera conferencia internacional consultiva a escala mundial sobre el periodismo y los derechos del niño, celebrada en Recife, Brasil, el 2 de mayo de 1998. Luego de las conferencias y talleres regionales, fueron finalmente aprobadas en el Congreso Anual de la FIP en Seúl, en el año 2001. Estas directrices fueron presentadas por la FIP en el 2º Congreso Mundial Contra La Explotación Sexual y Comercial de los Niños, llevada a cabo en Yokohama, Japón, en Diciembre de 2001.

Otro ejemplo interesante, ya en un tema más específico, es el liderado en Colombia por la Corporación Medios Para la Paz, a través de su "Manual para el cubrimiento responsable de los niños vinculados al conflicto" que surgió de la experiencia en ocho regiones del país sobre este tema.

Existe también el “Manual de niñez y periodismo” de la Agencia Global de Noticias, que basa su metodología en el trabajo de la Agencia de Noticias por los Derechos de la Infancia (ANDI) de Brasil. Este documento fue elaborado por el apoyo de Unicef.

En el campo jurídico internacional, la Convención sobre los Derechos del Niño de la cual hacen parte Colombia y Venezuela contempla unas medidas tendientes a proteger a los menores de edad y constituyen un marco dentro del cual se desarrollan las legislaciones locales. Uno de los compromisos asumidos por los Estados que suscribieron esta Convención es la de “asegurar ala niño la protección y cuidad que sean necesarios para su bienestar” (Artículo 3 #2). También señala este instrumento internacional que “Los Estados Partes reconocen la importante función que desempeñan los medios de comunicación y velarán por que el niño tenga acceso a información y material procedentes de diversas fuentes nacionales e internacionales, en especial la información y el material que tengan por finalidad promover su bienestar social, espiritual y moral y su salud física y mental” (Artículo 17).

Por su parte, el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos señala que la libertad de expresión no puede estar sujeta a censura previa sino a responsabilidades ulteriores. Adicionalmente, de acuerdo a la Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión “La actividad periodística debe regirse por conductas éticas, las cuales en ningún caso pueden ser impuestas por los Estados” (Principio 6).




ACTUALIZACIÓN AGOSTO 20 DE 2010.

Comunicado de relatores para la libertad de expresión sobre medida judicial en Venezuela

Los relatores para la libertad de expresión de la ONU y la OEA emitieron el comunicado de prensa R82/10 el 19 de agosto,  donde señalaron que "consideran que  la decisión de un tribunal venezolano de prohibir durante un mes a la prensa escrita la publicación de contenidos que puedan ser considerados "violentos" o "agresivos" constituye una medida de  censura previa,  que compromete seriamente el derecho a la libertad de expresión en ese país". Agregaron posteriormente que esta medida "impone límites de tal vaguedad e imprecisión que impiden que la prensa escrita pueda publicar cualquier información que pueda perturbar o molestar a las autoridades gubernamentales (...) La protección del bienestar físico y emocional de la infancia es un objetivo central de la comunidad de naciones, pero este propósito no puede dar lugar a la imposición de medidas de censura previa por fuera del marco establecido por el derecho internacional de los derechos humanos, o a restricciones tan ambiguas que puedan servir de pretexto para impedir la publicación de informaciones e ideas que la sociedad tiene derecho a recibir, pese a ser molestas o incómodas para algunos funcionarios públicos".

Poder judicial revoca parcialmente la medida restrictiva

Posteriormente se conoció que que la medida tomada contra El Nacional que prohibía la publicación de imágenes e informaciones ha quedado parcialmente revocada. Una resolución señaló que las restricciones se limitan a imágenes y no a informaciones ni publicidad. Además, fueron revocadas las medidas que se afectaban “a toda la prensa impresa nacional” y se limitaron a ser aplicadas a los periódicos “Tal Cual” y  “El Nacional”.
 

11 de julio de 2010

Mundial FIFA 2010: Las reglas del juego.

El historiador Leonardo Agudelo, docente universitario e investigador del grupo de trabajo “Derecho Ciudadano a la Información” nos presenta una reflexión sobre la influencia de los contratos publicitarios en la copa mundial de fútbol.


Por: Leonardo Agudelo Velásquez

Un ejemplo del poder de la T.V. y de los intereses corporativos capaces de mover millones alrededor de ella si las posibilidades de ganancia así lo ameritan se esta viviendo por estos días con el mundial de fútbol de Sudáfrica organizado por la FIFA, que cada vez parece estar concentrado su liderazgo y energías organizativas en el aspecto comercial de la justa futbolística y no es para menos las cifras que están dispuestos a gastar los grandes anunciantes en el evento —alrededor de 57 millones de Euros para ser “Patrocinador Oficial” del campeonato como los ha desembolsado Adidas, Coca-Cola, Emirates, Hyundai, Sony y Visa—, donde el gigante de la electrónica casera Sony, ha utilizado el evento como plataforma para el lanzamiento de su última tecnología de imagen: televisores en tercera dimensión. Ad portas del mundial la venta de televisores en los cinco continentes se elevan.

El gran poder de la FIFA no está ahora en la otrora “poesía escrita con los pues”, sino en el manejo de los derecho de imagen del certamen y para ello un activo grupo de abogados y lobbistas corre sobre el asfalto, para asegurar que hasta el último céntimo de los pagos por publicidad permitan a los privilegiados anunciantes gozar de la exclusividad de su marca los 30 días que dura el mundial sobre la audiencia televisiva calculada en 30.000 millones de personas, cinco veces los habitantes del planeta. —en promedio cada habitantes del planeta observara cinco partidos—.

Este mundial está pasando así, de convertirse en un evento deportivo, en un evento televisivo capaz de modelar la identidad de un auditorio semejante al de cinco planetas con una población del tamaño de la población de la Tierra, y es por ello que los grandes anunciantes aterrizan en la sede de la FIFA llevando sus pesadas chequeras. Los gustos del público televisivo van mutando a medida que la pirámide de equipos participantes se va estrechando, las multitudes son variables nos recuerda Maquiavelo, y el por ello que la tele-audiencia abandona por el balón en la cancha, su identidad nacional para ir acercándose al equipo de sus afectos. Sirva para explicar esto el siguiente silogismo:

“Colombia no clasifico al Mundial”
Los colombianos son aficionados al fútbol
Los colombianos verán el mundial de Sudáfrica 2010.

En ese momento cada colombiano que guste del buen fútbol que destila el mundial tomara mentalmente la divisa de sus afectos. Los afectos de un aficionado pueden metamorfosearse a lo largo del mes de mundial cuando menos unas cinco veces, todo por la pasión que no reconoce idiomas de una pelota rodando por el césped, al impulso de 22 jugadores.

Es por ello el inmenso interés que despierta en las grandes firmas anunciar su publicidad en el mundial de fútbol. No existe otro evento y otra organización como la FIFA que ofrezca otro potencial de audiencia televisiva semejante que permita al poder corporativo focalizar una marca comercial de forma tan intensa.

El nivel de ventas de gigantes corporativos como Nike, Coca Cola, Budweiser, Fly Emirate, Sony, ascienda en un año fácilmente a cientos de millones de Euros y ello es directamente proporcional a la manera como su marca flote en la mente del consumidor y la mejor industria para manejar el imaginario colectivo, es desde hace varias décadas la televisión, de ahí el interés en la inversión en publicidad televisiva y para ello el evento de la FIFA parece cumplir a la perfección con la leyes de la publicidad una gran audiencia sedienta de la pasión del fútbol, donde se pueda insertar el logo de una marca comercial en su imaginario— como los tres segundos con la imagen de Coca – Cola, que flota en la pantalla cuando se repite el gol acabado de anotar. Los 57 millones de euros del exclusivo club de anunciantes, garantizan que la única galaxia posible de marcas en un estadio donde se juegue un partido del mundial Sudáfrica les pertenecerá totalmente.

Por ello la FIFA recibe del privilegiado club de Patrocinadores Oficiales y de otro menor llamados “Patrocinadores de la Copa Mundial”, donde se acomodan marcas como Budweiser, Castrol, Continental, McDonald's y por la venta de los derechos de imagen televisiva en total la suma de 2640 millones de dólares. Un 30% más de lo que se embolso en el pasado mundial de Alemania 2006. La publicidad y los derechos de imagen son la mina de oro de la FIFA —conservándose la analogía de Sudáfrica como uno de los mayores productores mundiales de oro, con la del mundial de fútbol celebrado en su territorio—, y para que el oro siga fluyendo a sus arcas la FIFA está dispuesta a utilizar todo el tonelaje de su influencia. En los partidos del mundial Sudáfrica 2010, es fácil ver como un grupo de personas vestidas de verde y amarillo, cuida celosamente al cuerpo de prensa que no ha pagado los altos costos para tomar imágenes, no utilicen sus cámaras de video o fotografía, llegando al punto de expulsar a algún camarógrafo o fotógrafo de este grupo en el momento cuando encienda su cámara.1 Pero esta prohibición llega mas allá de los estadios: La red social You Tube, bloquea todos los videos subidos a su página que tengan que ver con partidos del mundial Sudáfrica, si el usuario no exhibe el recibo de pago a la FIFA para la difusión de imágenes. En lo tocante al mundial la FIFA se convierte así en amo y señor del ciber- espacio y de las ondas electromagnéticas, un poder tal que hacer ver como un principiante a Darth Vader el maléfico centro gravitatoria de la saga Star Wars y a su estrella de la muerte como un inocente juguete.

La cima que escalo la FIFA en este mundial para preservar su galáctico imperio comercial, fue la expulsión del estadio de 36 bellas mujeres holandesas, dos de las jóvenes retenidas por autoridades sudafricanas y sus pasaportes decomisados el 14 de junio2, mientras se jugaba el partido Holanda – Dinamarca. Su pecado: vestir el color naranja, el mismo que porta el 99% de los seguidores de la “Naranja mecánica”, color habitual de su selección y símbolo utilizado por la FIFA en el mundial España 92: Naranjito. Al considerar que ese atractivo grupo en las graderías del estadio afectaba la exclusividad ofrecida a la cervecera Budweiser, miembro del exclusivo club denominado: “Patrocinador Oficial”, pues el electrizante naranja sobre los bellos cuerpos de las mujeres, era semejante al color distintivo de la marca de cerveza holandesa Bavaria, competidor europeo de Bud.3

El tamaño de la inversión publicitaria y de T.V. parece no solo estar llevando a la FIFA a detentar una imagen de avaricia corporativa, semejante a la de una compañía petrolera o de armamento, sino que está produciendo un fenómeno: la capacidad del fútbol de acelerar los corazones de los habitantes del planeta está disminuyendo: la elite de jugadores que concurren al certamen recibe la parte más sustanciosa de sus ingresos no por su trabajo en la cancha sino por ingresos en publicidad, y ello parece haber estado enseñando a otros jugadores de los seleccionados que el mejor negocio no es apuntar el balón al arco, sino retenerlo en los pies para ser enfocado mas tiempo por las cámaras de televisión. El efecto de esta sutil lección es que la cuota de gol de los mundiales está bajando inexorablemente, y la disciplina táctica de algunos futbolísticas se ha relajado en aras de un jugoso contrato publicitario. La victoria del equipo para el que viste la camiseta ya no es la prioridad en la cancha, por ello el colapso de seleccionados como Brasil y Argentina que no alcanzaron a pasar la vara de los cuartos de final. Al seleccionado de la potencia carioca se le acuso de haber perdido su “identidad futbolística” y ello tiene una cierta lógica dentro del mundo capitalista que parece gobernarlo todo últimamente: las cifras que se mueven por seguir los pies tras el balón marcado con el mundial, son astronómicas y ¿Por qué no habría de participar también de ello los futbolistas? Por ello los jugadores de los seleccionado que antes aportaban la sangre y sudor para que la pasión propia del buen fútbol fluyera a borbotones de formas global —a semejanza de la industria petrolera que mueven la industria del planeta— se han vuelto furiosamente individualistas, sobre todo en la zona de los 18 metros donde se convierten la mayoría de los goles. Al punto de no pasar el balón a otro de su equipo que tenga mejores opciones de gol, solo por el hecho de buscar hechizar a la audiencia y así aumentar sus opciones para firmar un jugoso contrato publicitario ojalá con un gran anunciante, estilo Nike o Pepsi. Pesa demasiados en el campo el fenómeno “Cristiano Ronaldo”, el galáctico que le valió a su equipo el Real Madrid 94 millones de euros, quien recibió el año pasado 13 millones de euros por los contratos publicitarios firmados con: Nike, Banco Espíritu Santo, Coca-Cola, FIFA Street 2, Extra Joss, Fuji, Castrol, Pepe Jeans y Arman esta ultima de donde desbanco a David Beckham en la colección de ropa interior masculina para el verano 2009, a decir del diseñador y propietario Armany: "Cristiano es guapo, tiene un físico de atleta. Para mí, y por eso le he elegido, es la esencia de la juventud: es espontáneo, auténtico, excitante y por supuesto muy sexy”.4

Pero quien comando la lista de la estrella de fútbol mejor pagada es Messi, de la eliminada selección de argentina. Según la revista Frances football, el 10 de la selección Argentina recibió veinte millones de euros por contratos publicitarios en la temporada 2009.5 Para el 2010 se espera que el futbolista portugués tendrá ingresos por publicidad de 22 millones de euros, pues a la lista de firmas que utilizan su imagen se ha sumado la prestigiosa y elitista marca de automóviles Bugatti, para el cual el jugador grabo un comercial donde compite una carrera con uno de sus bólidos utilizando unas zapatillas doradas del color de sus contratos publicitarios. Desde su firma de contrato con el Real Madrid Ronaldo retuvo los derechos comerciales sobre su imagen por los cual todos los ingresos por publicidad le pertenecen solo a él y no tendrá que girar a su club el 50% de sus contratos como lo tuvieron que hacer jugadores de la talla de Beckham, Zidane o Ronaldo.

Ronaldo posee las tres llaves de oro con las cuales la industria publicitaria abre la mente de millones sedientos telespectadores: Es joven, dionisiaco y estrella de fútbol, el mejor ejemplo de esa combinación nos son los 75 mil aficionados que asistieron al estadio el día de su presentación en el Real Madrid, sino los casi tres millones de personas que han buscado en YouTube su ultimo comercia con la firma de tenis Nike.

Los jugadores empiezan a comprender a y encajar en el juego del cual la FIFA se considera ama y señora, un juego que no es el fútbol, sino el de grandes contratos publicitarios para su majestad la televisión y a copa por la que se lucha en mundial no es la venerable Jeules Rimet, el premio ahora está en los lentes de las innumerables cámaras de TV, que capta la imagen de lo que sucede en el campo de juego y luego editadas en los centros de producción y transmisión de TV.6 Todo ello controlado por la FIFA, que los vende a todos los canales de televisión del mundo. Donde las tomas no solo procuran seguir al jugador que impulse la pelota en el césped, sino lo más importante: permitirle a la teleaudiencia leer la publicidad en las pantallas que bordean el césped de donde emergen logos de Nike, Coca Cola, Fly Emirate o Mc Donald. Eso buscan los grandes ángulos de cámara que siguen a las jugadas, que incluyen una cámara de alta tecnología orbitando sobre el rectángulo de verde, donde lo más importante para FIFA, no es el partido que se juega o su resultado para dirimir quién besará la copa, sino la publicidad y los derechos de transmisión que se venden gracias a ello. Por ello sería bueno que la FIFA recomendara que en el futuro la estrella del Real Madrid no escupiera con gesto despectivo frente la cámara de televisión, como lo hizo al final del partido donde Portugal fue eliminado por España y si no fuera mucho pedir devolverle al fútbol su antiguo orgullo que parece eclipsar de tanto contratos, ganancias y audiencia.

Notas
2 La FIFA descalifica, prohíbe y cobra. Tomado de: http://www.dw- world.de/dw/0,,653,00.html.
3 Tomado de: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/guerra/mundial/publicitaria/ elpepisoc/20100624elpepisoc_1/Tes
4 El Pais. Cristiano Ronaldo, por qué fascina el héroe canalla. Tomado de: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Cristiano/Ronaldo/fascina/heroe/canalla/elpepisoc/ 20100129elpepisoc_1/Tes.
5 Ibid.
6 Por ello la sensación luego de ver tres o cuatro partidos de estar frente a un producto standarizado, con una producción televisiva homogénea y calculada todo el tiempo, y no sobra recordar que el tiempo en televisión es siempre oro.